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martes, 10 de enero de 2012

Mutantes infiltrados

Ha aparecido ya por su vida un “corazón” con pinta de homo sapiens?
¿Siente usted brotes de frescura creativa y repentinas hemorragias de ternura?
Hummm… tal vez usted es uno de los mutantes de reciente activación.
Si digo  que el Homo Sapiens está dando signos de caducidad, y que entre los miembros de la raza humana está apareciendo una nueva ola evolutiva, ola que en el futuro será nombrada como Homo Amans, ¿acaso se creería que estoy delirando?
¿Qué base neurobiológica tiene esta afirmación? Para responder a este estilo racionalista sin traicionarme, me veo obligado a utilizar el modo susurro, al tiempo que eludo la severidad del profesor. Es por ello que pondré en palabras lo que para ciertos investigadores comienza a ser un hecho ineludible: La Humanidad está enfrentando un nuevo salto evolutivo, y quienes conforman los exponentes de esta avanzadilla son los primeros mutantes con actividad incipiente en el quinto cerebro.
¿Qué es eso del quinto cerebro? Bien… comencemos por recordar que el psicocuerpo del ser humano es cuatricerebrado, es decir que sobre su primitivo cerebro reptiliano que se ocupa de los instintos, se desarrolló el segundo cerebro o sistema límbico, un órgano que se ocupa de los afectos y de las emociones maternales del mamífero. Tras otros miles de años de evolución se desarrolló sobre los anteriores, la nueva corteza o neocortex, un complejo mecanismo bioeléctrico por el que nos reconocemos inteligentes y conscientes. El cuarto cerebro, todavía para muchos en conformación, se ocupa de integrar y armonizar a los tres anteriores, y se manifiesta neurológicamente en el lóbulo frontal de un cada vez mayor número de psicocuerpos desarrollados.
Pues bien, el nuevo modelo de Homo Amans añade a estos cuatro, el corazón profundo, un órgano que también puede ser llamado “alma”, y cuyas neuronas cardíacas, recientemente descubiertas, multiplican en rapidez a sus homólogas cerebrales. Al parecer, en el corazón hay algo más que un órgano que bombea sangre por el cuerpo, en realidad procesa velocísimas corrientes energéticas y es el verdadero manantial del amor, la bondad y la belleza. Su sofisticado centro de operaciones expresa directamente el nivel omnipresente del ser, y lo hace mediante relámpagos de intuición y pulsiones de abrazo totalizador. Quienes están activados en tal potencialidad, son implacables despertadores de las fuerzas sanadoras latentes en los seres vivos que con ellos se cruzan, siendo a su vez reconocidos por captar con clarividente sensibilidad lo que precisa la atmósfera emocional que los circunda.
Estos entes de reciente aparición generan incesante creatividad al servicio de su propósito, recargando baterías vitales en cuestión de segundos, y dinamizando motivaciones capaces de fluir permanentemente en estado de atención y presencia.
En realidad estos mutantes intuitivos son verdaderos infiltrados en las filas de la resistencia, se trata de unos cuantos miles de sutiles despiertos que resisten a la gran presión que ejerce el viejo modelo, un modelo que se siente amenazado por este virus de lucidez que parece desmontar el andamiaje sobre el que se asienta. El actual mutante es un ente de futuro, un ente que ha integrado la acción y la contemplación, conjugando la actitud de “soltar” a la vez que “arraigar”, dos funciones estas que cuando se logran integrar, permiten la apertura de este cualificado nivel del corazón.
Pues bien, estos infiltrados mutantes serán reconocidos como Homos Amans porque el amor que sienten e irradian, supone una energía identidad que nada tiene que ver con la dependencia o la vulnerabilidad. Consideran al Universo como amor consciencia, y entienden que el antiguo y ambivalente “modelo sapiens”, vivía entre el amor y el miedo, mientras que ellos se vivencian “siendo” amor y confianza radial. Puede decirse que fluyen como viajeros en permanente peregrinaje existencial, y se reconocen entre sí porque participan de un tipo de libertad inherente a quienes se han desidentificado del pensamiento, función que tan solo utilizan a modo de herramienta primaria.
Su empatía con los sentimientos de los demás es tal, que sus sensores de consciencia, perciben todo lo que sucede en sus expandidas auras territoriales, sin dejarse inundar por tales corrientes. Se sienten poseedores de una misión y la llevan a cabo dejando atrás el famoso miedo de los niveles evolutivos precedentes.

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